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La Secretaría de Culto de la Nación rindió homenaje a la Iglesia Sueca, con motivo del 60° aniversario de la inauguración del templo, ubicado en Azopardo 1428, de la Ciudad de Buenos Aires. Al acto, efectuado ayer, asistieron el secretario y el subsecretario de Culto, embajadores Guillermo Oliveri y Héctor Masquelet, respectivamente; el director del Registro Nacional de Culto, doctor José Camilo Cardoso; el director de Culto Católico, doctor Luis Saguier, y otros funcionarios del área, así como el secretario Mariano Goycoechea, de la Dirección de Europa Occidental de la Cancillería. Además, asistieron el pastor Andrés Altbersen, de la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires; Mercedes García Bachmann, ex pastora de la Iglesia Sueca y actual decana del ISEDET; Gunilla Isaaksson, presidenta del Consejo Directivo de la Congregación Sueca en Buenos Aires; Sven Larsson, vicepresidente de la misma institución; Ulla Whitney, integrante del consejo directivo de la Congregación, Ellinor Lundmark, funcionaria de la embajada de Suecia en la Argentina, y Sergio Bacigalupo, directivo de la Asociación Cristiana de Jóvenes e integrante de la comunidad sueca. La Congregación Sueca, fundada en 1918, tras ejercer su actividad eclesiástica durante muchos años en viviendas ubicadas en el barrio de San Telmo, colocó el 28 de mayo de 1944 la piedra fundamental del templo, que se inauguró en agosto de 1945. Una iglesia dedicada a atender pastoralmente a los marineros que llegaban a estas costas y que está ornada con motivos marinos. Por ejemplo, el cuadro del altar representa a Jesús cuando convoca a sus primeros apóstoles, todos ellos pescadores. Fue pintado en Estocolmo y la obra se completó en la década del 80 por el artista plástico sueco Kuno Haglund. Entre otras reliquias, la Iglesia Sueca guarda una biblia de 1540. El texto completo de las palabras del embajador Oliveri es el siguiente: "Con el descubrimiento de esta placa la Secretaría de Culto de la Nación inicia una serie de homenajes a diversas instituciones o templos religiosos que se han destacado por su aporte a la difusión de valores, representan exponentes de valor histórico o arquitectónico o constituyen referentes importantes en sus respectivas comunidades. "De esta forma, el Estado quiere reconocer y distinguir a aquellas instituciones de carácter religioso que han sido emblemáticas del proceso de integración cultural de nuestra sociedad. "En el caso específico de la Iglesia Sueca, el Estado quiere rescatar y dar testimonio del espíritu que animó a sus fundadores y a quienes los acompañaron con su sacrificio y con el aporte de valores que siguen vigentes aunque pasen los años: los valores de la fe, la tolerancia, la integración, la convivencia. "En estas épocas caracterizadas por la intolerancia, creemos importante recrear y fortalecer la cultura del diálogo, camino imprescindible para el entendimiento. "En la Argentina tenemos muchos motivos para quejarnos, pero también unos cuantos para enorgullecernos, y entre ellos, sin dudas, ocupa un lugar central esa voluntad de integración característica de nuestro pasado y que estamos comprometidos a mantener en el futuro. "La convivencia plural enfrenta en el mundo nuevos desafíos, pero quienes tenemos responsabilidades gubernamentales no vamos a bajar los brazos a la hora de seguir defendiendo esos principios. "Sabemos, por otra parte, que lejos de ser una tarea solitaria, es una visión del mundo que ya está incorporada en el espíritu de los argentinos. Y es un compromiso que compartimos con el pueblo sueco y con aquellos hijos de ese pueblo que eligieron a la Argentina como destino. "Con Suecia tenemos una deuda de gratitud que no podremos saldar nunca con un discurso. Pero quiero aprovechar esta ocasión en que celebramos los 60 años de la inauguración de este templo para decirles a los ciudadanos y representantes suecos presentes en este acto y también a aquellos ligados por lazos de sangre, culturales o de afecto que en la memoria de muchos de nosotros siempre estará presente el lugar que le ha dado Suecia a muchos argentinos que habían perdido el suyo por imperio de la dictadura militar que se apropió de la vida y de las instituciones de los argentinos en los años 70. "El camino del exilio siempre es traumático y doloroso, pero nos consta que Suecia ha hecho todo y un poco más para garantizarles a los argentinos obligados a transitar el camino del desarraigo no sólo la vida, sino también la dignidad. "Cuando este templo fue inaugurado, Europa se desangraba en la guerra, una guerra que encontró tanto a Suecia como a la Argentina honrando el camino inverso: el de la paz. Adquiere una dimensión fuertemente simbólica que los 60 años de este templo coincidan con los fantasmas que por estos días evoca el 60º aniversario del terror atómico desplegado sobre Hiroshima y Nagasaki. El contraste entre uno y otro hecho es abrumador. "Felizmente, aunque el tiempo ha transcurrido, los pueblos sueco y argentino seguimos encontrándonos en el mismo camino: el de la paz, la justicia, el respeto por los derechos humanos, la inclusión. Eso nos hermana más allá de la distancia física. Y la presencia de este templo en este lugar tan característico de Buenos Aires es todo un símbolo. "Finalmente, quiero aludir a un hecho anecdótico que rescatamos de la historia de esta Iglesia y que hace referencia a la asistencia, fuera de lo estrictamente religioso, del pastor Baathe, quien aceptaba gustoso traducir las cartas de amor de los marineros suecos a sus enamoradas argentinas. Es, como todas las historias humanas, pequeña y grandiosa al mismo tiempo. Y aunque no tengamos certezas sobre los efectos de esos intercambios epistolares, queremos creer que también han contribuido al acercamiento recíproco. Muchas gracias." |